Otra Cali es posible

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Por Elizabeth Gómez Etayo

Mi Cali bella, mi Cali linda. Mi Cali festiva y multicolor. Digna como ninguna, pariendo la resistencia en cada rincón. Gracias mi Cali por fortalecernos la esperanza de que un mundo mejor es posible. De que una Cali y una Colombia mejor, en equidad y en paz, con derechos para el pueblo, es posible. Lo que hemos apreciado en estos cuatro días de movilización social, local, regional y nacional es una manifestación de dignidad, conciencia, madurez y ciudadanía de tal magnitud, que nunca habíamos vivenciado las nuevas generaciones. Le pregunté a mi padre de 76 años si había visto algo similar desde que tiene memoria y él, que conoce tantas historias de ésta ciudad, no recuerda algo así.

Es que una cosa son las movilizaciones de estudiantes y sindicatos a las que estamos acostumbrados, pero lo que hemos visto en estos cuatro días, es otra cosa. Es gente saliendo de los barrios como hormiguitas laboriosas, organizada y clara, para denunciar la desigualdad social, llevados por la mano de la conciencia ciudadana. Es mucho más que vandalismo, aunque la gran prensa trate de desvirtuarlo. Son lugares resignificados y renombrados. Puerto Resistencia (no más puerto rellena), la Loma de la Dignidad (ya no, la loma de la Cruz). El puente de las mil luchas (y no el puente de los mil días). Nuevas consignas. Creatividad al servicio de la transformación. Pero no solo Cali, los alrededores también se sumaron a esta fiesta, Jamundí, Palmira, Cerrito, Candelaria e hicieron gala de gran valía.

Pero claro, esta fiesta no pudo ser gratis. Le ha costado a la población caleña, la onerosa suma de 14 fallecidos, cientos de detenidos, varios desaparecidos ( las cifras no son exactas, qué vergüenza) varias mujeres agredidas sexualmente y, una en particular, denuncia la brutal violación de la que fue objeto por un efectivo del Esmad. Dolor de matria tener que seguir experimentando esta impotencia y frustración que produce el abuso militar aupado por autoridades civiles que al parecer no tienen o han perdido el mando sobre los uniformados. Las máximas autoridades locales expresan por redes sociales que están contra la violencia, pero no son contundentes en defender al pueblo de los abusos militares. En contraste, el Alcalde de Jamundí dió muestras de dignidad, respeto y ciudadanía; se posicionó frente a un jefe de Estado que le causa mal a su pueblo.

Entre tanto, las redes sociales y plataformas virtuales a reventar. Queriendo contar lo que pasa minuto a minuto en las calles. Para posicionar una voz desde abajo; una voz que narre lo que realmente acontece en las barriadas populares, en los puntos de concentración y no lo que los medios de comunicación corporativos narran para congraciarse con sus amos.

Pero éste pueblo despertó, y de qué manera, los jóvenes y las mujeres son los grandes protagonistas de ésta historia. A ellos y ellas un sincero reconocimiento y gratitud por ser los propulsores de nuevas iniciativas políticas que superan lo partidista y se integran a nuevas dinámicas políticas, donde la expansión mental indica otras formas de ejercer la ciudadanía; de habitar y recorrer la ciudad y los territorios, apelando al folclor nacional, con la potencia de artistas propios, quienes se unieron con sus voces a éste clamor colectivo.

Los desmanes del Esmad, fieras rabiosas sedientas de dolor y violencia, ya no deben sorprendernos. Ésta fuerza debe desaparecer de la estructura del Estado, entre tanto, el movimiento social debe ir diez pasos adelante, para saber cómo van a proceder, evadirlos a tiempo y no caer en el círculo vicioso de agresiones lamentables donde el pueblo que se manifiesta en las calles, es el más damnificado, ya que las fuerzas militares están actuando sin cortapisa alguna. Y, sin embrago, continuar amando, seguir creyendo en la vieja promesa, una vez más, una más, hasta que la lucha conduzca a alguna empresa, una empresa tenaz, larga, atrevida, como decía el maestro Estanislao Zuleta en la década de los ochenta.

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