¿Otra improvisación más?

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leo-quinteroPor: Leo Quintero

No sabemos cuántas lleva, pero lo que es claro es que el Sistema de Transporte Masivo de Cali no soporta una improvisación más.

La historia le da la razón a quienes la tienen, y los problemas del MIO denotan claramente que se improvisa cuando se desconoce la actividad. La última improvisación que se anuncia ahora es conseguir un quinto operador para el Sistema de Transporte Masivo, bajo el supuesto de que buscar nuevos socios resolvería los problemas del MIO. ¡Pero qué socios! La iniciativa que ahora surge desde la Administración de Cali es pedirle a los operadores del MIO (Git y Blanco y Negro Masivo) que devuelvan la adjudicación que le hizo el pasado gobierno local, del 15 % de la operación del MIO, basándose en la crisis de Git Masivo, el mayor operador; además, anticipándose al fallo de una acción judicial que pretende acabar con esa adjudicación hecha a dedo hace varios años.

La idea es entregarle esa operación a los 800 propietarios de los buses colectivos que circulan por Cali; una especie de historia tipo Unimetro, el único operador que fue constituido por pequeños inversionistas, que hoy en día solo son propietarios del 30 % de la inversión. El 70 % restante pertenece a un grupo empresarial ajeno a Cali, que proviene de Bogotá.

Para concretar un operador de un sistema de transporte se necesita un fuerte músculo financiero, que les ayude a garantizar el capital suficiente para comprar buses y luego operarlos. También se necesita un administrador eficiente, que evite la quiebra del operador o, por lo menos, sus graves problemas, como los que tiene hoy en día Git Masivo: un déficit de $40.000 millones y 150 buses parados por falta de mantenimiento.

Segunda improvisación: los buses color salmón, planteadas como alimentadores para el distrito de Aguablanca, en donde el MIO no opera con la eficiencia que la comunidad reclama. Tan improvisación es, que a última hora se desmontó el servicio. De los 200 anunciados, solo 14 prestaban servicio y la mitad mantenía varado por falta de mantenimiento.

Tercera improvisación: alquiler de buses viejos de TransMilenio para que operaran en la capital del Valle. Apenas se presentó, la iniciativa se desmontó por una razón lógica: en lugar de pagarle $5.000 millones que nadie tenía a un operador de Bogotá, esa plata mejor se destinaría a recuperar los carros del MIO que estaban varados, que tenían un menor kilometraje de los buses rojos de la capital y estaban en mejor estado.

Cuarta improvisación: $10.000 millones para recuperar los buses varados del MIO.

 

Esto ha generado que todos los operadores ahora estén revelando que tienen problemas económicos. El más fuerte, Blanco y Negro, comenzó a decir que su economía está resentida. Para colmo, la sociedad que administra el recaudo, UTRYT, asegura que está perdiendo $1.000 millones mensualmente –una excusa para no pagarles a quienes cumplen con las tareas de aseo– y anuncia que al paso que va puede dejar de cancelar los servicios públicos de las estaciones del MIO.

 

Mientras todos siguen improvisando, los piratas se siguen comienzo la torta del transporte colectivo y las motos se multiplican por todo Cali.

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