Paralelismo al MIO

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Pablo UribePor Pablo Uribe
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Comenzamos esta semana con otro dolor de cabeza para la Alcaldía y Metro Cali: al “paralelismo” que le tienen montado al MIO los buses tradicionales, ya se sumaron los taxistas y los buses intermunicipales.

El “paralelismo” –como así lo bautizaron en la Alcaldía– no es más que la competencia económica, que se puede ver en cualquier mercado, desde el de los celulares hasta el de las comidas rápidas, pero en las condiciones actuales, es un problema gravísimo para la administración municipal, porque como fue diseñado el MIO, si éste no cubre más del 90% de la demanda, no puede funcionar. Esto implica que el Municipio tiene que consolidar un monopolio del transporte público en cabeza de Metro Cali y es por esta razón que a los transportadores, que no están cometiendo ningún crimen ni haciéndole daño a nadie, los están persiguiendo con más fuerza que a los mismos criminales que tienen azotada a la ciudad.

Sin entrar al debate de si el MIO es bueno para la ciudad o no, hay que reconocer una cosa: no hay como echar para atrás. El MIO es el proyecto de inversión más grande en la historia de Cali, y en la  palanca de cambios de la ciudad, la reversa ya no existe.

Pero si hay que reconocer que este “paralelismo” no existe porque si, no hace falta ser un genio o tener un Ph.D. en transporte público, para reconocer que: si hay alguien vendiendo es porque hay alguien comprando. Si los buses colectivos siguen recogiendo gente en las calles todos los días, y además de esto, también se meten los taxis y los buses intermunicipales, es porque hay gente que está pagando por estos servicios y el pastel les está alcanzando a todos.

A lo que quiero llegar, es que si los caleños están financiando el paralelismo, es porque prefieren estos servicios al del MIO, es porque los transportadores informales están prestando un mejor servicio que el MIO, porque si el MIO estuviera prestando un excelente servicio nadie se montaría ni a los buses colectivos, ni a los taxis, ni a los buses intermunicipales.

Yo tuve la gran oportunidad de vivir en Washington D.C., en una zona en donde había mucha riqueza, y pude ver con mis propios ojos cómo mis vecinos dejaban parqueado el Mercedes-Benz o el Porsche para ir a tomar el metro. Muchos dirán que es por cultura, como si hubiese una tradición milenaria indígena de preferir el carro por encima del bus, pero no tiene nada que ver con esto, esta es una decisión racional: mis vecinos en Washington preferían el metro porque era más rápido y más barato que el carro, exactamente la misma razón por la que alguien se monta a una buseta o a un pirata, porque se demoran 30, 40 o 60 minutos menos que en el MIO.

Mi mensaje hoy es que antes de perseguir a los transportadores como si fueran las Farc, se pongan en los zapatos de los usuarios del sistema, que tienen que caminar más bajo el calor intenso de nuestra ciudad, que se demoran más en llegar a sus casas, que tienen que aguantar filas interminables, que tienen que valerse de codazos y empujones para poder entrar a un bus, y que tienen que aguantarse esperas interminables en las estaciones y paraderos. O en otras palabras: que escuchen a los usuarios que piden a gritos un mejor servicio.

Mi mensaje a los directivos de Metro Cali y de la Alcaldía, es que dejen de buscar excusas y mirarse el ombligo a la hora de manejar el transporte público de la ciudad, que sepan que los usuarios no son borregos que pueden manejar a su antojo, los usuarios, señores directivos, son sus clientes, y como en cualquier negocio, el cliente siempre tiene la razón.

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