Pobreza y esperanza con rostro femenino

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Por Elizabeth Gómez Etayo

El sábado 31 de julio, mi familia y yo, pudimos conocer la historia de Idaly y su pequeño hijo recién nacido Ian Andrés, gracias a que mi cuñado, profesor de Idaly en la carrera de deportes, me pidió que la visitara con un mercado que él le envió, porque yo vivo cerca de ella. La llamé, le pregunté la dirección y la visitamos. Nos dio muy bien las indicaciones para no confiarnos de un buscador por internet. Vive en una de las nuevas urbanizaciones contiguas a “Terranova” (Jamundí) uno de los puntos de resistencia, desalojado por la gobernación del Valle del Cauca en el paro nacional de los meses anteriores, por estar obstaculizando la vía Panamericana.

Buscando la dirección, nos encontramos con miles de pequeñas casas y apartamentos, calles averiadas, miles de negocios y una naciente ciudadela al sur de Jamundí, que está al sur de Cali. Al recorrer estas urbanizaciones, entendimos bien por qué se convirtió en un punto de resistencia. Al llegar al “Paisaje de las flores”, me recuerda el sector de Potrero grande en Cali, con sus casas de 36 metros cuadrados, 3 metros de frente por 6 de fondo y dos pisos. Me pregunto qué modelo arquitectónico es este, que, ante la mirada aguda de una simple ciudadana, no permite el desarrollo de una vida digna. 36 metros cuadrados que sus moradores intentan hacer rendir construyendo para arriba. Y que los afortunados de las esquinas aprovechan para montar un negocio.  Este “sueño” de vida es patrocinado por el grupo Aval, tal como reza una vaya en la entrada “aquí hacemos realidad tus sueños”.

Una vez llegados a nuestro destino, hablo con Idaly, escucho su relato de parto que terminó en cesárea, está adolorida, triste, removida en sus emociones que bien comprendo y que ningún médico explica, la depresión posparto, la alteración hormonal que causa la anestesia y esa sensación de tristeza profunda que nos genera culpa a las mujeres, porque no deberíamos estar tristes cuando tenemos al fruto de nuestro amor ante nuestros ojos. Ella se exige estar bien para cuidar de su bebé. Su madre, que la cuidó los primeros días, tuvo que partir, su compañero y padre de la criatura, se fue a otro municipio a buscar trabajo, es la solidaridad de los vecinos que sostienen material y emocionalmente a Idaly, para que ella pueda cuidar de sí misma y de su bebé.

En la conversación sostenida, me cuenta que era atleta de alto rendimiento, se nota por su porte atlético, estatura y contextura física, pero un aparatoso accidente en el transporte rural conocido como “chiva” o “línea” en su pueblo ancestral Patía, Cauca, hace 10 años, la obligó a dejar para recuperarse de sus múltiples fracturas y ahora estudia deporte, porque quiere compartir esta pasión con las nuevas generaciones. Es una mujer bella, educada, inteligente, con gracia para hablar en medio de situaciones tan adversas como las que está viviendo. Siempre expresando gratitud con tener su hijo sano y salvo, y con gran esperanza en el porvenir.

Me cuenta que paga un arriendo de trecientos mil pesos y que si fuera a comprar esta casa le costaría 75 millones de pesos. La casa que habita está en obra gris. En un mismo espacio está la sala, el comedor, la cocina, la cama de Idaly y el cochecito que sirve de cuna para el bebé, un paso más y ya estamos en el patio. El baño queda en el segundo piso y ella se da sus mañas de deportista para subir y bajar de espaldas y no afectar su herida de cesárea. Me quedo pensando en cómo ayudarla, para que el estrés no le inhiba su leche materna, tal como está pasando ahora. ¿Cómo reducir el estrés en estas condiciones de precariedad? La nevera y la despensa están llenas gracias a la solidaridad de quienes la conocemos. Pienso en la suerte de las mujeres suecas. Si Idaly viviera en Suecia, tendría dos años de licencia de maternidad, tendría una vivienda garantizada y una renta básica, todo pagado por el Estado.

Una sencilla cuenta: el metro cuadrado de una casa rústica (obra gris) puede costar $800.000 y el metro cuadrado de una casa con buenos acabados puedes costar $1.500.000. Si las casas del “Paisaje de las flores”, como las de Potrero grande y todas estas nuevas urbanizaciones llamadas de interés social que pululan en el área metropolitana de Cali cuestan 75 millones de pesos, al dividir ese valor por los 36 metros cuadrados nos da que, al pueblo le están cobrando el metro cuadrado a $2.083.000. Dicho al revés, la casa donde vive actualmente Idaly, que está en obra gris, debería costar unos 30 millones de pesos y no 75. Qué lindo el negocio inmobiliario. El grupo Aval hace realidad tus sueños.

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