¿Quién mató al Charco del Burro?

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Crónica sobre los actores que contribuyeron en la desaparición de un charco antaño ubicado en los alrededores del Museo La Tertulia #VocesCulturales

Por Andrés José Rincón
@AlejoAguirreA

 

Era el verano de 1957. Lo era en Cali, así lo fuera todos los días, era verano porque no había clases, había charco. El Samán hacía de sombrilla y la arena suave acariciaba los pies de los bañistas. Nada que envidiarle a una playa. Eso era, la playa caleña, el Charco del Burro, el balneario más grande del Cali viejo.

Cuando el charco solía tener vida, lo hacía de manera inmóvil. Como una casa de paso que constantemente le abría las puertas al Río Cali, dejando una curva estrecha con abundante agua. Ubicado en el actual oeste de la ciudad, una hermosa casa y unas caballerizas del señor Antonio Obeso de Mendiola, vigilaban el paraíso caleño, donde no importaba el estrato, sino la cultura.

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De 4 años, Olivia Cortés se tiraba y se salía del charco repetitivamente, mientras su hermana Alicia cocinaba en leña la comida. “-¡Qué te salgas del charco ve! –No”, renegaba constantemente Olivia, y desde entonces, las hermanas Cortés nunca se pusieron de acuerdo. Según lo recuerda ella, no había lugar existente en la ciudad que albergara un acantilado, una chorrera, una casa, un Samán y un charco cristalino.

Mientras la familia Cortés, se deleitaba los domingos en aquel lugar, dos amigas esperaban ansiosas a que fuera jueves. “-¿Ve, Sánchez, y vamos a capar clase al burro? –De una”, así solían decir estas dos estudiantes de la Sagrada Familia, colegio que está ubicado aún en el barrio El Peñón, a unos metros en donde la majestuosidad fue hecha charco. Y es que ellas se iban allá a bañar, a sonreír y a pasar su adolescencia.

Celina Sánchez, una mujer donde la experiencia se le escabulle entre las arrugas, y en su hablar aún se nota la tristeza de su pérdida, la de su único amante durante su adolescencia “no tuve novio, tuve charco”. Según las fotos, era una joven descomplicada, con cabello marañoso y rizos incontrolables, como si no se lo arreglara nunca, como si mantuviera metida debajo del chorro.

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Celina, junto con su amiga Berta, actualmente fallecida, solían ir con sus vestidos de baños enterizos y sueltos. No se lo ponían debajo del uniforme porque se veían muy bombachas, por eso el plan de viernes lo acompañaba una maleta especial para la ropa, que era alistada la noche anterior y arrojada por la ventana de la habitación de Celina a un matorral del patio. Berta, cómo siempre –Afirma Celina- amaba quitarse el vestido de baño cuando no había nadie alrededor, decía que era mejor recibir el chorro desnuda. Era un poco controversial para la época, pero ella aún así lo hacía.

Los años de oro de Celina y las bañadas de la familia Cortés, se acabaron. Un rumor se esparcía por las calles del barrio El Peñón. Si bien recuerda ella, la gente se veía indignada, pero con miedo. No era común levantarse en contra de las decisiones del gobierno de Rojas Pinilla. Según cuenta ellas, fue un jueves sin Berta a verificar aquel rumor; fue sola y llegó peor. Encontró gente trabajando en una desviación, “no hice nada, me quedé inmóvil”.

“¿Qué más pude haber hecho? Era joven, llena de vida, pero también de una educación barata, esa de las elites y sus negocios” Afirma Sánchez. Recuerda que visitó al charco semanalmente, ella sentía que de esa manera acompañaba al Burro en sus últimos momentos. Cuando no quedó rastro alguno de él, una capa de escombros y basura lo cubrió, hundiéndolo no solo de la faz de la tierra, sino de la historia. Ella, sin saber quién fue el asesino de aquel lugar, culpa actualmente a un letrero, a ese que se encontraba en lo que quedaba de charco. “Bote su basura aquí”
Para ubicarlos, la historia comienza así, no es cuento, pero parece uno.

Inicio: Había una vez, un dictador que no poseía interés alguno por los espacios culturales. Cali, siendo una ciudad olvidada pero bella, siguió como soldado de guerra en línea con sus intereses. De repente tres “Héroes caleños” decidieron crear un espacio cultural denominado “La Tertulia” que inicialmente fue creada en San Antonio.
Nudo: Sin ser previsto, este espacio necesitaba un lugar de esparcimiento mayor, -Oh, sorpresa- Alianzas aquí, desviaciones del río allá y finalmente asesinaron al charco (aparentemente el enemigo). Pero, la degradación ambiental no terminó, hasta ahora “Nadie” sabe quién lo puso, pero estaba allí, inerte, como un espantapájaros. Un letrero, uno solo, uno capaz de rellenar los restos del charco con basura utilizando tan solo cuatro palabras: “Bote su basura aquí”.

Desenlace: Finalmente, el terreno ya estaba apto para construir un hermoso museo, que según este, le ha devuelto la vida y la cultura a la ciudad. Y es así como los Caleños y el Museo la Tertulia vivieron felices para siempre, o bueno, hasta que la gente se dé cuenta.

Parece una historia bien pensada, como una escena de un crimen difícil de descifrar. Existen muchas variables y un sin fin de número de sospechosos. Pero, ¿quién asesinó al Charco del Burro? Al parecer, todos los hechos apuntan a los siguientes sospechosos: la Alcaldía, el Museo la Tertulia, el señor Obeso, y el barrio El Peñón. ¿Quién lo asesinó?

Sospechoso número 1: La Alcaldía.

La alcaldía se ve envuelta en un rumor urbano, uno de esos mitos que la gente los considera realidad y aprenden a vivir con él. Según la mayoría de los ciudadanos que vivieron en aquella época, culpan a la ampliación de la Avenida Colombia. Debido a que esta, solo llegaba hasta el Hotel Obelisco, y el proyecto de construir un puente para continuar la vía y conectar a Cali con otras ciudades del Valle, como Buenaventura, y al nuevo barrio Santa Rita, fue agendado y olvidado por la falta de presupuesto. Y cierto, qué más fácil que desviar un río y pedirle a la población que rellenen gratuitamente el hueco con residuos… y ¡Voilá! Años después, una hermosa avenida adorna la desviación del río desembocando en la avenida al mar.
Al ir a la Alcaldía, para aportar a la investigación del caso. No respondieron, pero las pruebas están ahí, como si la Avenida Colombia no se llamara así, sino, avenida “Fue culpa de la Alcaldía”.

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Sospechoso número 2: El señor Obeso

El señor Obeso, poseía parte del terreno del Charco del Burro y dejaba que las personas hicieran uso de esa parte de su predio . Asimismo, contaba con unas caballerizas ubicadas actualmente donde recorre sus aguas el Río Cali. Él tenía una iniciativa de construir su casa, que para llevarse a cabo, debía desviar el río.

Finalmente, su sueño se hizo realidad, y logró construirla. Actualmente se encuentra al frente de la Tertulia, y justamente al frente de lo que solía ser el balneario. No obstante, cabe aclarar que aunque las pistas apunten al señor Obeso, no existe registro que date una iniciativa para la desviación del río presentada por él, sino que fue a él a quien le llegó la propuesta.
Las pistas que inculpan al señor Obeso, dejan mucho qué esperar, pues la iniciativa caló con sus intereses y posteriormente colaboró con su asesinato.

Sospechoso número 3: Barrio El Peñón

Según Maria Elena Ramírez, exhabitante del barrio el Peñón, no tuvieron mucho que ver con la iniciativa de la desviación, pues ninguna solicitud formal se hizo por parte de los habitantes, ya que eran ellos los principales visitantes del lugar. Pero cuando le pregunté “¿Y es que rellenar el lugar con basura, no aporta a su extinción?” Ella se quedó inmóvil, como si el mayor secreto de los habitantes se hubiera desplegado a todos los rincones del mundo. No respondió.

Misma reacción tuvo Socorro Ortiz, pero ella a diferencia, respondió “nosotros no fuimos, fueron los del Aguacatal y la gente del Bosque” Sin embargo, ella considera que pudieron haberlo evitado, y no lo hicieron… Por consiguiente, se han decidido ubicar en el listado de cómplices.

Sospechosos número 4: El Museo la Tertulia

En la escena del crimen, actualmente se encuentra el Museo la Tertulia, que a las 6 pm de un 20 de junio de 1968, terminó para siempre la historia del que fue el más grande Balneario Natural que tuvo el Cali Viejo. Parece coincidencia que justamente haya sido construido en el mismo lugar donde estaba el charco del burro. ¿pero lo fue?
Cómo todo interrogatorio, se debe ir claro con los antecedentes. Es sabido que “La Tertulia” inició en una casa en San Antonio como un espacio de esparcimiento cultural y de opinión. Clara Inez Suarez y Maritza Uribe, apoyadas por el periodista Alfonzo Bonilla Aragón, fueron los pioneros de esta iniciativa. El espacio fue acogido por la comunidad caleña y los “3 héroes” se vieron en la obligación de pensar en otro lugar para poder continuar con este proyecto.

Pavel Vernaza, el actual coordinador del centro de documentación del Museo la Tertulia, comentó “la tarea de escoger el nuevo lugar fue entregada a Octavio Gamboa”. Él hacía parte de la junta directiva de la Tertulia y su principal pasatiempo era montar en su avioneta donde tocaba el cielo, recogía pedazos de nubes y les robaba a ellas por medio de fotografías la vista aérea de la ciudad. Una tarde de aquellos días, sobrevoló a la sucursal, esta vez más bajo que nunca. Cómo un águila escogió su presa, y le entregó a la junta la víctima perfecta: el vulnerable Charco del Burro.

La solicitud caló para la Alcaldía y en un abrir y cerrar de ojos, empezaron la desviación del río por las caballerizas del señor Obeso, desangrando poco a poco el charco, impotente dejó que sus verdugos le secaran hasta la última gota, y noblemente murió, sin mencionar una sola palabra de auxilio.

Sin embargo, haberlo matado no bastó, necesitaban un terreno más alto para la óptima construcción. Mágicamente días después un letrero indicando botar la basura en ese lugar, apareció. Según Vernaza, no se posee información de quién lo puso. El terreno se rellenó a punta de basura y escombros sin importar el impacto ecológico, pero no todo estaba perdido, y no todos estaban de acuerdo, la señora Graciela Mejía junto con su perseverancia y dedicación, logró salvar el Samán que actualmente sirve de techo a la sala de exposición “Maritza”, adecuándose mediante la instalación de amplias mallas aislantes que permitieron que parte de su tronco se enterrara, evitando que su antigua corteza se humedeciera.

“Sentimos que el Museo la Tertulia le ha devuelto en cultura lo que le quitó en charco” Tal cual, lo dijo Vernaza. Pero cuando se le preguntó “¿qué hubiera pasado si el charco no hubiera sido desviado por ustedes?”, el silencio invadió el teatrino al aire libre donde justo se encontraba la parte más honda del charco, finalmente respondió con un “esas preguntas tienen respuesta efímeras, nadie sabe qué hubiera pasado con él”

Finalmente, la historia no miente. Tanto el Museo la Tertulia, el principal asesino, como La Alcaldía, el señor Obeso y el barrio El Peñón, poseen la culpa de su desaparición. Si bien es importante que la ciudad se transforme y crezca, no significa que deba hacerlo sin el consentimiento de los ciudadanos, y lo más importante, que quede plasmado en la memoria de cada integrante de la comunidad. Si el Museo está pintado con la sangre del charco, la alcaldía tapando la evidencia con la ampliación de la vía, el señor Obeso con la venta de su propio hijo y el barrio con su interés indiferente, no se pueden juzgar actualmente a los representantes de cada lugar, pues no fue su generación la asesina. Sin embargo, queda en ellos la responsabilidad de conmemorarlo, de hacerlo sentir y devolverle la vida en la mente de los ciudadanos.

Fin.

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