Sandra Ximena Caicedo y el derecho a la verdad 

0

Por: Liz Rincón Suárez

En días recientes las redes sociales explotaron luego de conocer una tarea de sociales de grado noveno en la cual la profesora Sandra Ximena Caicedo, solicitaba a sus estudiantes responder entre otras preguntas ¿Cuál es la responsabilidad del expresidente Álvaro Uribe Vélez en el tema de los falsos positivos? Mientras algunos sectores la califican de adoctrinadora del terrorismo, otros la defienden alegando la libertad de cátedra. Lo cierto, es que Caicedo puso de nuevo en el ruedo la polémica por el derecho a la verdad.

Según la RAE adoctrinar significa “inculcar a alguien determinadas ideas o creencias”. Sin embargo, el ejercicio pedagógico de la profesora parece un llamado a todo lo contrario, pues lejos de juzgar invita a la indagación. ¿Qué pudo haber respondido el estudiante que debió contestar juiciosamente a su taller? ¿Que la responsabilidad del estado es garantizar el derecho a la vida y a la libertad, dos derechos que fueron vulnerados en el caso de los falsos positivos, o, ¿que el monopolio de coerción de la fuerza, denominado ejército, debe encargarse de defender nuestra soberanía, no estar implicado directamente en los crímenes de lesa humanidad? ¿Qué la responsabilidad del expresidente tiene que ver con que los hechos ocurrieron durante su mandato?

Los constantes dramas del contexto colombiano nos hacen silenciar que nos encontramos en las disputas por la verdad en un proceso de justicia transicional sin precedentes. La Comisión de la Verdad concluye su mandato con amenazas y señalamientos y la Jurisdicción Especial para la Paz no deja se ser atacada por sus opositores, en medio de las turbulencias, las nuevas generaciones demandan a gritos comprender los crímenes para pasar la página. Sandra Ximena Caicedo reactualiza nuestro pasado, exige pensarse la historia, tal como fueron los hechos, no como quisimos que sucedieran. Que la profesora Caicedo se sienta orgullosa por lograr en sus estudiantes la reflexión sobre un herida como la de los falsos positivos, que contiene en sí misma profundas violencias en la historia del conflicto, las de clase, porque eran muchachos de los barrios populares de las ciudades y las de abuso del poder, porque es un exabrupto, bastante doloroso, que el Estado sea el perpetrador en cambio del garante.

El polémico taller concluye con una pregunta pertinente para los colombianos a propósito de la conmemoración del 9 de abril, ¿por qué es tan necesario que se sepa la verdad de lo que pasó en el conflicto colombiano? Porque si la verdad no se conoce, sea cual fuere, sea tan dolorosa como fuere, no podremos vencer los relatos de la guerra, los que nos dijeron que éramos enemigos según el color que llevemos en las banderas o en la piel, los que nos señalan o estigmatizan por pensar distinto y proponer pensamiento crítico. El trabajo de Caicedo, en cambio de llevar un discurso de odio, propone acabarlo, porque la duda y el cuestionamiento jamás tendrá como consecuencia el pensamiento simple que reduce la realidad a polos en confrontación.

Tanto atacamos por estos días a la educación secundaria, que al menos estas polémicas nos sirvan para aplaudir a nuestros maestros y maestras de la ciudad de Cali. Los señalamientos a la profesora Caicedo han permitido reconocer su excelencia, pero también han puesto en peligro su vida. En una nación donde enseñar es duramente castigado por los actores armados, defender a los cientos de maestros críticos, no sólo representa defender la vida, si no, nuestro derecho a la verdad.

 

 

 

 

Comments are closed.