Ser mujer afgana ¿El peor de los mundos?

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Por Elizabeth Gómez Etayo

Nadie negaría que ser mujer en Afganistán hoy en día, bajo el régimen de los Talibanes, es el peor de los mundos para una niña o para una mujer. Sin duda, lo que nos transmiten los medios de comunicación y las redes sociales es un horror. La condena a una vida sin derechos y la negación del ser en su expresión más cruda, configuran un tinglado terrorífico. Imágenes que, guardadas las proporciones, seguramente han recreado un pasado de horror para otras mujeres en el mundo, como algunas colombianas en ciertos rincones de la geografía nacional, que han sufrido los rigores de un régimen guerrerista donde los señores de la guerra se disputaron sus cuerpos como botín bélico. Pero también de una violencia cotidiana que solo en 2021 ya ha cobrado la vida de 67 mujeres víctimas de feminicidio, según la Procuraduría nacional.

¿Dónde se ampara la misoginia? ¿Por qué se odio tan visceral hacia las mujeres? ¿Cuál es el miedo escondido? Si se entiende que la raíz de las fobias, de todas las fobias, es un miedo profundo del ser humano contra un agente externo que el sujeto temeroso incorpora y por miedo/fobia, puede llegar al odio, como expresión máxima de su odio, entonces ¿Qué tienen en común talibanes, actores armados, feminicidas y misóginos en general, cuando usan su fuerza para agredir a una mujer? Un odio/miedo profundo a las mujeres ¿Por qué su odio/miedo? Una gran maestra me recomendó hace un par de décadas que, para comprender esta agresión sin cuartel, sin dios, ni ley, sin cortapisa ni freno alguno contra las mujeres buscara las claves en el “Elogio a la locura” de Erasmo de Róterdam y así entender en clave metafórica lo que representan y han representado las mujeres desde el principio de los tiempos hasta nuestros días.

¿Qué significa esa locura y por qué debe elogiarse? Si los hombres, sujetos masculinos, han sido ubicados por la historia universal, oficial y excluyente como los sujetos de la razón, a las mujeres, les queda el lugar de la sinrazón, de la emoción, de la locura, que metafóricamente se puede comprender como el desafío, la transgresión, la desobediencia, la creatividad, la sabiduría y, por lo tanto, el peligro, el riesgo, la desestabilización de un régimen patriarcal que quiere perpetuarse por los siglos de los siglos. En esa lógica de interpretación la misoginia encarna un profundo miedo de algunos hombres contra las mujeres, por eso necesitan deshumanizarla, rebajarla, desconocerla, humillarla, violentarla, porque solo como una no-humana puede ser controlada. Nunca tratada como un par, como una igual, como un otro. El control de las mujeres afganas bajo el régimen talibán, es una expresión del miedo a que emerja y se consolide un pensamiento que tiene historia, estructura, soporte y pasado. Se controla que estudien, que piensen, que se expresen, que opinen, que sean estandarte de la historia milenaria que se consolidó en ese rincón del mundo. ¿Irá a permitir la comunidad internacional, que tanto se precia de defender los derechos humanos, esta deshumanización de las mujeres afganas?

Así mismo el control de los cuerpos y la sexualidad de las mujeres violentadas en la guerra degradada que ha vivido nuestro país, ha pretendido desconocer el papel que juegan las mujeres en la consolidación de un proyecto de nación. Por eso, una de las mejores expresiones de sororidad y solidaridad que podemos tener con las mujeres afganas en este momento y con todas las mujeres violentadas en el mundo, es fortalecer la participación, expresión, acción, educación, comunicación de las mujeres en todos y cada uno de los rincones del planeta, empezando por la propia orilla donde nos encontramos. El silencio cómplice con la misoginia que conduce a los feminicidios, es la base cultural para que se consoliden distintas formas de violencias contra las mujeres.

 

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