¿Si nos tocan a una, nos tocan a todas?

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Por Elizabeth Gómez Etayo 

El jueves 5 de abril de 2021 se realizó el lanzamiento de la Especialización en Interculturalidad y estudios de género de la Universidad Autónoma de Occidente a través del Conversatorio: “Intersecciones entre género e interculturalidad: diálogos, tensiones y convergencias” al cual fui invitada. La Especialización da cuenta de un necesario espacio de reflexión sobre los amplios temas que acogen tanto la interculturalidad como los estudios de género y sus intersecciones, tal como se puso de manifiesto en la propia jornada de lanzamiento.

Éramos cuatro personas invitadas a conversar. La primera colega Adriana Anacona Muñoz. disertó sobre lo que implica una planificación con enfoque de género, teniendo en cuenta un necesario reconocimiento de la diversidad que somos y que en espacios de política pública estamos en mora de incluir. El colega Álvaro Hernán Plazas nos impactó con su disertación sobre todas las letras de la sigla LGTBIQ (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales y queer) que en su pretendida inclusión siguen dejando por fuera otras identidades  que aún siguen en la sombra de nuestras pacatas sociedades, como la de hombres socialmente heterosexuales que en la clandestinidad tienen sexo con otros hombres, pero no se reconocen como homosexuales (HSH= hombres que tienen sexo con hombres y que en lenguaje proscrito su apelativo comienza por C).

La colega Johana Caicedo abordó el tema de los afrofeminismos y de los feminismos decoloniales, como una nueva vertiente del feminismo que irrumpe de manera crítica con un feminismo liberal y burgués. Por mi parte, abordé los alcances del ecofeminismo y su importancia para articular las luchas de las mujeres en el cuidado y defensa del medio ambiente. El conversatorio fluyó de manera bastante amena, destacando las tensiones y tareas pendientes que debemos seguir desarrollando. Valga decir que la participación activa del público virtual, nos indicó nuevos derroteros en la conversación que intentamos abordar de la mejor manera.

Y fue justamente una de esas tareas pendientes por desarrollar la que inspiró esta columna, gracias a la pregunta de la lideresa y colega Bibiana Peñaranda, quien se ha destacado en su lucha por denunciar las violencias contra las mujeres en Buenaventura a través de la Red Mariposas de alas rotas; ella cuestiona por qué nos cuesta tanto, aún, asumir la consigna: “si nos tocan a una, nos tocan a todas”, inmediatamente salí a responder con una apuesta optimista y esperanzadora, diciendo que la consigna no solo era completamente válida sino real y que efectivamente cuando tocan a una nos tocan a todas, pero que además nos debía movilizar hacia la compasión por el dolor infringido contra cualquier otro ser. Nos debe generar solidaridad, sororidad, compasión y empatía, cuando atacan a cualquier mujer, cisgénero o transgénero, o a cualquier niño, niña, indígena, afrodescendiente e inclusive a un hombre. Quise argumentar que el daño contra otro ser debe movilizar nuestra indignación.

Al respecto, Johana Caicedo argumenta una postura mucho más realista y crítica que la mía, la cual comparto y agradezco porque me permite hacer la reflexión que hoy comparto aquí. Johana dice: cuando tocan a una mujer mestiza (considerada blanca) nos movilizamos todas, pero cuando tocan a una mujer negra, nos movemos las negras. Triste realidad. ¿Será que tenemos tan naturalizado el racismo, como el sexismo, que cuando agreden a una mujer negra, nos cuesta movilizarnos a todas? Johana habla desde la realidad que, como mujer negra, al igual que Bibiana, evidencia y denuncia de forma permanente.

Tanto Bibiana Peñaranda como Johana Caicedo nos invitan a pensar que las violencias no solo están marcadas por género, como dice la antropóloga Henrietta Moore, sino también por raza y clase. Las violencias están racializadas y clasificadas por clase social y estrato socioeconómico. Todavía nos falta mucho para avanzar como humanidad para expresar nuestra indignación frente a la injusticia contra las mujeres de forma que la consigna si tocan a una nos tocan a todas, cobre valor para una y para todas. Todas somos todas, negras, indígenas, mestizas, blancas, cisgénero, transgénero, lesbianas, bisexuales, heterosexuales, asexuales, niñas, adultas, viejas, decoloniales -pero también burguesas-, insurrectas -y también sumisas-, es decir, vale tanto para quienes han trasegado más el camino, como para quienes lo están empezando. Seguimos. Si nos tocan a una, nos tocan a todas.

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