Sospecha de lo gratis

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Por Cesar López

César López
César López

Twitter: @cesarlopez_

La casita es el bien que todo colombiano promedio busca tener en algún momento de su vida. Tener casita propia simboliza estabilidad y una condición social importante dentro del segmento mayoritario de nuestro país, el popular. El gobierno nacional, en busca de mejorar el indicador de pobreza dentro del Plan Nacional de Desarrollo “Prosperidad para todos”, empezó a construir y regalar casas para familias desplazadas y para las que se encuentran en situaciones de pobreza extrema. Posiblemente el Gobierno consiga disminuir el indicador de pobreza, pero regalando casas no va a solucionar el problema fundamental de falta de oportunidades.

Durante muchos años el gobierno nacional ha mantenido abandonados a los pobres de Colombia, ante la falta de políticas serias y de largo plazo de inversión social en atención a las necesidades básicas de salud y educación. Evidentemente con el contentillo de las casas gratis no va a lograr saldar su deuda y mucho menos solucionar, en un par de años, lo que en décadas no se ha hecho. A nuestros gobernantes siempre les ha importado más lo que suceda dentro de su período de gobierno que lo que pase después. Por lo tanto, no ha habido intenciones de generar proyectos que trasciendan y que les sirvan a una nación que no vive en una línea de tiempo partida por gobiernos de cuatro años.

En Venezuela, el hecho de regalarle las cosas a la gente funcionó para los intereses personales de Chávez, en parte porque había un cuento alrededor de la revolución y de la división de clases sociales dinamizado por la figura del libertador Simón Bolívar. Pero además tenían plata, fruto de la explotación del petróleo y sus precios altos, pero también tenían a un líder que lograba convocar a la clase popular y pobre del vecino país, generando dependencia de sus controvertidas decisiones al estilo Robin Hood.

En Colombia los problemas sociales son muy complejos y cada vez más difíciles, y si no se generan planes integrales y modelos sostenibles que busquen solucionar realmente las causas y no los síntomas, no tendremos esperanza de algún día salir adelante.

Pero además no está bien regalarle las cosas a la gente; todo lo contrario, se les hace un mal. Así lo dice el viejo proverbio del pescador y el pescado: darle las cosas a la gente sin que les cueste genera indigencia, mejor sería garantizarle las condiciones de educación, trabajo y crédito para que con sus propios recursos puedan tener su casa. Claro, esto no sucedería en cuestión de dos o cuatro años, pero se generaría un verdadero proceso de inversión social que es lo que realmente está necesitando nuestro país, logrando que las cosas se hagan por el futuro de los colombianos y no por la coyuntura que vive un gobernante.

Muchas personas acusan al Gobierno de usar el programa de casas gratis como plataforma electoral, ya sea para garantizar la reelección del Presidente o para promover la candidatura de Vargas Lleras. Pero se les olvida que ese es un modelo fallido. Así sucede con los famosos ‘líderes’, mercenarios electorales, a los cuales los políticos en campaña les regalan dinero para aceitar la maquinaria y asegurar los votos, pero ellos a la víspera de las elecciones se venden al candidato que finalmente les dio más. Entonces el hecho que a una familia le regalen una casa no garantiza que se puedan hacer aproximaciones matemáticas de regla de tres para saber cuántos votos hay, y menos si no hay un discurso detrás de todo, como sí lo hizo Chávez en Venezuela, polarizando a su país en una campaña en contra de la oligarquía.

Entonces, regalando casas finalmente no se logrará sacar adelante a nuestro país, ni solucionar el problema de la pobreza, ni lograr un proceso social y mucho menos, asegurar la reelección de Santos ni la presidencia de Vargas Lleras. Ojalá que algún día sepamos elegir bien a nuestros gobernantes, no podemos maleducar a un pueblo haciéndole creer que por el hecho de ser pobres se les debe regalar las cosas, además no estoy seguro que sea constitucional el hecho que el Gobierno regale algo. Lo cierto es que estamos necesitando una serie de dirigentes que les importe más el mediano y largo plazo de nuestro país, que sacar adelante sus proyectos personales a costa de la gente, manoseando al pobre y burlándose de los colombianos.

 

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