Todes deberíamos ser feministas

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Por Katherine Esponda Contreras

Establezco esta conclusión desde el mismo título de la columna para trazar una corta hoja de ruta de una reflexión que viene en tres partes: la primera, el uso del universal no masculinizado “todes” de manera intencional. La segunda, la prescripción que apela a una noción aún sin definir de justicia. La tercera y más evidente, el punto de llegada enunciativo: “ser feministas” estableciendo desde ya que no existe una única manera de ser feminista. La afirmación se inspira en el título de la conferencia que pronunció Chimamanda Ngozi Adichie en el 2012 en uno de los ya famosos eventos Tedx.

Sobre lo primero: Wittgenstein señaló en algún momento de sus elucubraciones filosóficas que el lenguaje se construía y adquiría sentido desde el uso mismo que le dábamos. La puerta que entreabrió Simone de Beauvoir al declarar la importancia de nombrar lo que nunca se nombra (la mujer) se nos quedó pequeña cuando redescubrimos la existencia humana en su multiplicidad de expresiones, identidades, y construcciones que van mucho más allá del binarismo de género anquilosado en la comprensión heteronormada del mundo.

Entonces, decir que todas debemos ser feministas es reafirmar que el feminismo es y sigue siendo un asunto de mujeres, afirmación con la que no puedo estar más en desacuerdo. Afirmar, por otra parte, que todos debemos ser feministas (título original de la conferencia TEDx de Ngozi) es reproducir el mismo esquema mental en el que se utiliza un supuesto neutro que incluye el femenino, cuando sabemos que el mundo ha sido nombrado por hombres y para hombres, dejando que la alteridad no sea considerada ni siquiera en el lenguaje. Baste con mencionar sustantivo como “bomberos”, “científicos”, “docentes” o incluso “investigadores” y se descubrirá usted creando una imagen en su cabeza en su mayoría masculinizada. Bueno, por lo menos, la mayoría de ustedes si no tienen algún grado de sensibilidad o reconocimiento por el lenguaje inclusivo.

Así las cosas, decir de manera intencional todes debemos ser feministas es simplemente abrir un poco más la puerta para que entren en el mundo del reconocimiento toda persona que independientemente de su identidad o expresión de género no cabe en ese tradicional binarismo que estructuró nuestros esquemas mentales y sociales. Ciertamente, enunciar “todes” no me resta lugar a mí como mujer cisgénero, pero sí abre un mundo de posibilidades de ser y existir a otras personas que como yo quieren y merecen el reconocimiento por ser simplemente quienes son.

Sobre lo segundo: la ética, al ser parte de la filosofía, es un ejercicio reflexivo que toma como objeto de estudio nuestras prácticas morales, las comprensiones que socialmente hemos construido y experimentado como buenas o malas. Este ejercicio reflexivo de orden filosófico puede ser descriptivo o prescriptivo. La pregunta por la justicia originalmente fue una pregunta ética: una pregunta que indagaba por el deber ser de la vida en comunidad pues, ciertamente, la felicidad individual pierde todo sentido cuando el entorno que nos rodea no comparte unos mínimos estándares de existencia que nos permita florecer en esa comprensión propia y muy personal de lo que nos hace felices.

Así las cosas, cuando afirmo que todes debemos ser feministas estoy apelando al sentido prescriptivo de la ética: es un juicio que señala lo que a mi respecta es moralmente correcto, deseable y oportuno para la vida en comunidad. Al ser prescriptivo este juicio, su función principal no es otra que dirigir nuestra conducta a ese estado de cosas deseable. Idea que me permite introducir la última parte: feminismos.

Sobre lo tercero: feminismos, en plural. Pues, así como no hay una única expresión del ser humano, tampoco hay una única expresión del ser mujer, mucho menos, una única o verdadera lucha del feminismo. Existen múltiples apuestas de lucha y el feminismo como movimiento social y político, y como sistema teórico de explicación se ha diversificado en múltiples y muy variadas expresiones.

Cuando afirmo que todes deberíamos ser feministas, apelo a esa abierta posibilidad de reconocer la mínima dignidad a la alteridad, aunque sea desde orillas diferentes. El feminismo, como categoría, es una palabra sobrecargada, usualmente con una connotación negativa. Nos dicen incluso feministas como insulto, en un mundo que ya es lo suficientemente misógino.

Sin entrar a detallar la historia del feminismo, quisiera simplemente señalar lo siguiente: hemos evolucionado como especie que construye estructuras sociales. Si bien, la fuerza y las habilidades físicas eran un factor determinante de poder y dominio hace algún tiempo (razón que se utilizó para justificar la jerarquización social de hombres y mujeres a lo largo del tiempo), hoy en día las capacidades intelectuales, creativas, e innovadoras son las determinantes y, para ellas, las definiciones biológicas, genéticas y hormonales, están lejos de determinar nuestra competencia.

El feminismo, en su visión más simplista, busca que nuestras ideas de género (y de otras formas de opresión) evolucionen a la par de la misma humanidad. Así que si, todes (no nos alcanza con unas y otros) debemos aspirar a esa comprensión disipada del mundo desde una perspectiva no binarista que abra la posibilidad al respeto de la diferencia, al reconocimiento de la diversidad y a la reparación de las injusticias que aún prevalecen.

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