Uribismo, Reforma tributaria y Movilización Social: ¿Qué pasa en Cali?

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Por Valentina Bradbury

Los recientes acontecimientos que han tenido lugar durante las últimas dos semanas me han generado una ruleta de emociones: desde ilusión y dicha, pasando por angustia, incertidumbre y confusión, llegando a sentir, por último, enojo y tristeza. No se trata de una ruleta que tiene un principio y un fin, y que recorre su camino de manera lineal.

Por el contrario, como lo indica su forma geométrica, estas emociones van y vuelven, de forma cíclica, dependiendo de los titulares, de las comunicaciones y de las piezas audiovisuales que me llegan acerca del paro nacional. En la mañana de hoy, sonreí al presenciar la concentración masiva de una ciudadanía que de manera carnavalesca rechaza la reforma tributaria. Llegada la noche, me indignaron los eufemismos utilizados por el Presidente de la República cuando en las calles, el abuso de la fuerza pública se ve representado en nuevos muertos.

Antesala al Paro Nacional

Hace a penas una semana que se publicaron las encuestas de opinión de Polimétrica e Ivamer las cuales revelaron ciertos datos que ya podíamos anticipar. El primero de todos, fue la contundente caída en la favorabilidad de la imagen de Iván Duque, quien presenta un porcentaje de imagen desfavorable del 65% en la encuesta Polimétrica y del 63,2% en la encuesta de Invamer. Para los jóvenes entre los 18 y los 35 años este porcentaje de imagen desfavorable está en más del 70%. En cuanto a la figura de Álvaro Uribe Vélez, su imagen desfavorable continúa por encima de su imagen favorable con un 55,7% contra un 37,5% respectivamente.

Estos datos son importantes contrastarlos con otro momento en la historia colombiana cuando la favorabilidad Álvaro Uribe Vélez era tan aplastante, que le permitió ganar dos veces en primera vuelta las elecciones presidenciales como ningún otro candidato lo ha conseguido desde que se instauró este sistema electoral en la Constitución de 1991. A pesar de que sigue siendo una figura política muy popular, consiguiendo la mayor votación al Senado en las últimas elecciones legislativas, las condiciones de su poder han cambiado.

Adicionalmente, las encuestas también arrojaron la victoria de Gustavo Petro como candidato presidencial y el opinómetro de Daxteco mostró que el 73, 1% de los encuestados estaban de acuerdo con el paro nacional y el 36,2% confirmaron que saldrían a marchar el 28 de abril.

Esta fue la antesala de la movilización social que se llevó a cabo el 28 de abril. El Gobierno Nacional ya sabía lo que se venía.

Presentación de la reforma tributaria

Antes que el ministro de Hacienda presentara oficialmente el texto final de la reforma tributaria ante el Congreso de la República, algunos medios de comunicación informaron que Iván Duque se había reunido con Tomás Uribe, quien viene ejerciendo cierto liderazgo y sonando como candidato dentro del uribismo. Como si se tratase de una dinastía familiar, Tomas Uribe le habría dado el aval al Gobierno Nacional para que adelantara la gestión en la aprobación del texto.

Mientras que algunos congresistas del Centro Democrático defendían el proyecto de la reforma tributaria alegando la necesidad del sostenimiento fiscal del Estado y defendiendo la naturaleza social del proyecto con programas como el del ingreso solidario, Álvaro Uribe Vélez sorprende en su twitter, expresando su inconformidad y desacuerdo con el proyecto. ¿Qué ocurrió? ¿Acaso su hijo no le contó de la reunión que fue noticia nacional?

En medio de la discusión, sale nuevamente a la luz, la anécdota de la vez que Uribe le hizo tomar a su hijo Jerónimo su propio vómito. ¿Estaría acaso, como lo insinuaron las redes sociales, obligando a Duque –su hijo político- a tomarse su propio vómito? ¿Decidió sacrificar su candidato, tomando distancia del impopular proyecto de su pupilo para impedir afectar su imagen y la de su partido en un contexto pre-electoral? ¿Sería acaso una estrategia consensuada del “policía bueno” y el “policía malo” para lograr negociar un texto más amable buscando promover la figura de Uribe como la de un salvador?

28 de abril, la movilización se extiende.

La movilización social del 28 de abril, no solo cumplió, sino que excedió las expectativas. A pesar de estar atravesando un pico de contagio en la pandemia, de las persuasiones y prohibiciones de las autoridades locales y de la decisión de aplazamiento por parte del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, el paro se llevó a cabo.

Lastimosamente, en la ciudad de Cali, esta movilización estuvo igualmente acompañada de la destrucción de bienes públicos y del saqueo a locales comerciales, panaderías y restaurantes. Según me contaban algunas fuentes, nunca, ni en los peores contextos de efervescencia social, la destrucción material había sido tan abrupta, o tan eficiente.

¿Cómo entender este fenómeno?  Podríamos plantear algunas hipótesis desde una perspectiva sociológica que generalmente se aplican a estos contextos. La pobreza, la desigualdad, el desempleo y la exclusión erosiona atacando las instituciones materias y simbólicas que son consideradas como posibles causantes de ese malestar social. Esa es una hipótesis. No obstante, no deja de inquietarme, que así como sucedió después del 21 de noviembre del 2019 con las imaginarias invasiones a las unidades, estos denominados “actos vandálicos” conllevan a discursos y demandas que exigen y legitiman la militarización del espacio público y a formas violentas de represión como en efecto está sucediendo. No sólo desvía la atención del objeto de la movilización, sino que convierte en héroes a quienes precisamente se estaban denunciando.

Aún me cuesta entender lo que está pasando en Cali. La mañana del sábado fue una fiesta, y en la noche, volvió la confusión y el miedo a reinar.

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